Nilda Patiño: “Si queremos niños sanos y felices, necesitamos docentes sanos y felices”
La educación argentina atraviesa, según la mirada de la secretaria gremial del Gremio de Docentes Autoconvocados (GDA) de Formosa, Nilda Beatriz Patiño, un proceso de profundas transformaciones que no sólo modifica contenidos y formas de enseñar, sino también el lugar que ocupa el docente dentro del aula.
Patiño sostiene que, mientras el sistema educativo acumula nuevas demandas, el Estado fue reduciendo progresivamente sus responsabilidades y el docente quedó cada vez más expuesto, con mayores exigencias y menos herramientas para afrontarlas.
“El docente está cada día más solo en el aula, con múltiples demandas”, afirmó y explicó que provienen de las autoridades educativas, de las familias y de los propios estudiantes, y se suman a una creciente carga administrativa que, a su entender, aleja al trabajador de la tarea central de enseñar.
Para Patiño, uno de los principales cambios de las últimas décadas es la transformación del rol docente. De aquella figura reconocida como autoridad pedagógica se pasó, según su análisis, a una situación en la que el maestro o profesor debe afrontar permanentemente cuestionamientos y conflictos.
“El maestro como autoridad pedagógica, que enseña, que dice, que esa autoridad difícilmente se cuestionaba -aunque a veces también había arbitrariedades-, hoy directamente perdió toda autoridad”, sostuvo.
En ese contexto, relató situaciones en las que las familias cuestionan las decisiones de los docentes respecto de las calificaciones o de la conducta de los estudiantes. Como ejemplo, mencionó el caso que le relató una docente de Pirané, quien habría sido objeto de un sumario luego de que una madre reclamara por la calificación de su hija.
La dirigente gremial vinculó este proceso con una discusión más amplia sobre el sentido de la educación. “La educación va muy ligada al proyecto político y al proyecto económico”, afirmó, y remarcó que las decisiones educativas no pueden analizarse por fuera de las definiciones políticas de cada gobierno.
Otro de los aspectos que Patiño cuestionó es la manera en que se evalúa actualmente a los estudiantes. Según relató, en determinados ámbitos se desalienta el uso de calificaciones que expresen claramente las dificultades de aprendizaje.
La dirigente recordó que, en otros momentos, se utilizaban categorías como “regular” o “malo” para señalar a las familias que un estudiante no estaba alcanzando los objetivos previstos. En cambio, sostuvo que actualmente se recurre a expresiones más ambiguas como “no alcanzó suficientemente”.
Para Patiño, detrás de estos cambios existe una modificación del concepto mismo de enseñanza: “Nos han cambiado la función”, resumió.
En su análisis, la escuela no debería limitarse a garantizar la permanencia de los estudiantes dentro del sistema, sino también brindarles herramientas para pensar, cuestionar y desenvolverse como ciudadanos.
La dirigente también manifestó preocupación por las reformas educativas que se implementan en otras jurisdicciones, particularmente en la Ciudad de Buenos Aires. Se refirió al programa BA Aprende, impulsado por el Gobierno porteño, y cuestionó el enfoque que, según su interpretación, se estaría aplicando en la escuela secundaria.
Patiño sostuvo que el modelo otorga un lugar central a Lengua y Matemática, mientras otras áreas quedarían vinculadas a talleres u opciones. Para la dirigente, esto plantea interrogantes sobre la formación integral de los estudiantes y sobre el papel que tendrá la escuela secundaria como instancia de preparación para los estudios superiores: “Por eso digo, el sistema educativo no es aséptico, está totalmente ideologizado”.
Para Patiño, cada proyecto político define también una determinada concepción de educación. Frente a eso, consideró que los docentes tienen la posibilidad de encontrar “intersticios” dentro del sistema para sostener una enseñanza orientada a la formación de ciudadanos libres y capaces de pensar críticamente.
La mirada crítica de Patiño también alcanza a determinadas experiencias educativas que se desarrollan en Formosa. En particular, hizo referencia a nuevas escuelas que, según explicó, tendrían condiciones laborales diferentes a las establecidas por el Estatuto Docente. Se trataría de establecimientos considerados experimentales, cuyos docentes tendrían contratos que finalizan al cierre del ciclo lectivo y estarían sujetos a una eventual renovación.
Para la dirigente, este tipo de situaciones deben ser observadas con atención porque podrían implicar modificaciones sustanciales en las condiciones de trabajo de los docentes.
La salud mental, una preocupación creciente
Uno de los puntos que más preocupación genera en el análisis de Patiño es el estado de salud de los docentes. La dirigente advirtió sobre lo que considera un deterioro de la salud cognitiva y emocional de numerosos trabajadores de la educación y sostuvo que existe un elevado nivel de angustia y depresión dentro del sector.
“Se les pide a los docentes que detecten situaciones de riesgo en sus estudiantes, que acompañen, contengan y orienten, pero muchas veces nadie se ocupa de preguntar en qué condiciones emocionales están quienes deben realizar esa tarea”.
La dirigente también cuestionó las dificultades que atraviesan algunos docentes para acceder a licencias vinculadas con problemas de salud emocional y dijo que
el problema no puede reducirse a una cuestión de rendimiento laboral: también debe contemplarse el estado de salud de quienes sostienen diariamente las aulas.
“Si yo quiero niños sanos, felices, tengo que tener un docente sano y feliz”, planteó.
Al hacer un balance de la situación actual, Patiño sostuvo que el deterioro no es solamente salarial o laboral, sino también simbólico. Consideró que la docencia perdió parte del reconocimiento social que históricamente tuvo y que hoy los trabajadores de la educación son objeto de cuestionamientos permanentes.
El interrogante sobre hacia dónde se dirige la educación argentina queda, para la dirigente, abierto. “No sé a dónde vamos”, reconoció. Pero sí planteó una certeza: los docentes no pueden resolver individualmente problemas que son estructurales.