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22 de Octubre de 2020
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27-09-2020 | Locales

Cómo vivir en democracia y no morir en el intento

  






Desde la Revolución Francesa, las formas políticas se reconvirtieron para siempre.

Se terminaron lentamente los regímenes monárquicos absolutistas, sobreviviendo apenas aquellas monarquías como la inglesa, donde los reyes cedieron el poder real al parlamento, que representaba al pueblo soberano, para perdurar en adelante como jefes de Estado sin poder político.

Locke, Montesquieu, Rosseau y otros sentaron las bases de la nueva forma del Estado y su fuente de poder.

El pueblo es el soberano (dueño del Estado) que mediante el voto elige a quienes gobernarán en su representación, en un esquema de división del poder en tres, para que se controlen y moderen mutuamente.

Estos extraordinarios pensadores no podían imaginar entonces que aparecerían nuevos actores para incidir fuertemente sobre la relación del soberano y sus representados.

Hablo concretamente de los medios de comunicación y de los factores de poder.

Para que el soberano se exprese en las urnas, su percepción de la realidad debe ser precisa y clara.

¿Cómo conoce la realidad el pueblo soberano?

La conoce a través de los medios. El mundo que el recibe de la prensa debería reflejar la realidad, pero en los últimos 100 años, no necesariamente eso ocurre.

La prensa no sólo informa los hechos objetivos; puede, y de hecho lo hace, alterarlos para ajustarlos a sus propios intereses de sector, económicos o ideológicos.

Esa manipulación de la realidad pasa tanto por lo que dice, como por lo que omite. Cuando callan aspectos de la realidad, también está manipulando la opinión pública.

LA PRENSA EN NUESTRA HISTORIA POLÍTICA
El modelo que construyó el Estado argentino, liderado por Roca, Mitre y sus aliados, la generación del ’80, era de un falso liberalismo. Pese al nombre que se le dio era un modelo conservador, y a su hechura construyó una Argentina al servicio de la naciente oligarquía agro ganadera de la pampa húmeda. Mil familias se apropiaron de más de 50 millones de hectáreas de tierra fiscal a precio vil, después de exterminar a las comunidades aborígenes. Toda la estructura del nuevo Estado fue diseñada para sostener sus privilegios y ampliarlos.

Tuvo su prensa adicta, para ello nacieron los diarios La Nación y La Prensa, y la oligarquía gobernó en medio del voto cantado y fraudulento, con la inmensa mayoría del pueblo excluido políticamente, socialmente y económicamente. El 90% del pueblo no tenía ingresos suficientes y el país sólo se desarrollaba en las provincias de la Pampa Húmeda.

Curiosamente, escuchamos a los mercenarios mediáticos del sistema cantar loas a esa Argentina agro exportadora, 9na potencia mundial, pero con una población sin acceso a trabajo digno, a servicios educativos ni de salud, y donde el que nacía pobre, se moría pobre.

Las inequidades del modelo permitieron la llegada de Yrigoyen y la UCR al poder, cuando la Ley Sáenz Peña transparentó las elecciones. Ahora sí el pueblo se expresaba en las urnas.

Los hijos de esa oligarquía promovieron un golpe de estado en 1930 y recuperaron el poder político. Golpe que fue celebrado por la prensa del régimen.

En 1945 por segunda vez, el pueblo, el soberano, volvió al poder con Perón. Los dineros del Estado, las inmensas reservas del Banco Central, se usaron para construir un país más justo.

Con los planes quinquenales, todo el pueblo, de todos los puntos cardinales, tuvo escuelas, hospitales, rutas, servicios como agua y electricidad, viviendas, jubilaciones y obras sociales.

La prensa del régimen conspiraba para desplazar a Perón y recuperar el poder. Lo hicieron en el 55, otra vez aplaudidos por sus diarios que, como siempre, manipulaban la opinión pública.
La historia de nuestra patria es la historia de la lucha contra la oligarquía.

Pero cada vez, los medios de prensa ganan más poder de influencia.

Clarín no es sólo un diario, un canal de TV, o radios. Forma la opinión pública porque además genera las noticias que reproducen los diarios de provincias a través de DyN su agencia.

Pero sobre todo es una inmensa y diversificada empresa multirrubro: tiene emprendimientos agrícolas, comunicaciones como TELECOM Personal, eventos feriales, preside las asociaciones empresarias y demás. Cada vez que sus negocios lo ameritan, presiona con sus medios. Lo sufrió Alfonsín, cuando las tapas de Clarín lo terminaron de sacar del poder, lo sufrieron los Kirchner, como lo sufrirá Alberto.

Lo estamos sufriendo nosotros cada día cuando vemos la embestida mediática para crear pánico en la sociedad.

Están tratando de generar un estado de angustia colectiva, incitando una corrida cambiaria, diciéndole al ciudadano que viene el apocalipsis.

Que venimos de una crisis económica previa a la pandemia, es un hecho. Que la pandemia la agrava a niveles inéditos, también.

No sólo Argentina lo sufre. El mundo la está padeciendo. La 1ra. economía mundial está a los tumbos, y eso que puede y lo hace, emitir dólares a lo bruto, total, ya era el primer deudor mundial antes de esto.
Pero los mercenarios titulan que la crisis económica del país es terminal. Que Falabella (cadena chilena de electrodomésticos y construcción) se va del país, y es lógico que lo haga por la caída de ventas; que Glovo se va (omitiendo decir que se retira no sólo del país, sino de toda América Latina) y hasta involucran a empresas que luego salen a desmentir las noticias (como WallMart). Alteran la realidad, porque omiten contar que en el 1er. mundo que tanto admiran; cierran empresas o achican planteles porque la crisis pandémica es global y terminal para muchos sectores como el turismo, los transportes, la aviación, los eventos de diversión y espectáculos.

Toda información que se vectoriza para inducir que sólo aquí hay crisis, involucra una manipulación. Esos medios que usan sus tapas como arma de manipulación, nada dicen de las 25.000 empresas que cerraron durante el Macrismo en Argentina.

Es una clara y grosera campaña para crear zozobra y provocar una devaluación de la moneda, de los mismos que ya hicieron cosas parecidas en el pasado.

No está de más confrontar estas campañas, para que nadie venda gato por liebre.

Quien quiera oír, que oiga. Porque algo es cierto y seguro: la libertad se defiende y se gana, día por día.




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